Cuando se cierra una etapa de mi vida, una etapa que ha durado desde que tengo uso de razón, intento ponerles un punto y seguido a todas las cosas que hasta ahí me han acompañado, pero no es fácil.
Llega un día en el que sé que está el final y llevaba pensándolo mucho tiempo, en cada despedida he visto como todo el mundo se emocionaba, en cada despedida imaginaba cómo sería la mia...
Todo pasa y todo llega, o eso dicen, así pasó mi último año tan rápido que quizás no tuve tiempo para pensar en todo lo que ocurría, pero tengo toda una vida para recordar todo lo que ocurrió.
Me preparé con todo mi esfuerzo y todas mis ganas para mostrar mi trabajo al público, mejor dicho, a mi familia, a mis entrenadoras y a mis compañeras, que son el mejor público para mí. Cada hora de entrenamiento la aprobechaba al máximo, aunque estuviese rendida, aunque estuviese lesionada, porque sabía que el final estaba cerca.
Cada ejercicio era un recordatorio de todo lo que había pasado hasta ahora; de mis primeros años cuando iba a entrenar para estar con las demás, para pasármelo bien, cuando éramos "las pequeñas"... En las competiciones todo nuestro afán era por animar a las mayores que se derrumbaban de vez en cuando, nos poníamos tristes al verlas llorar.
Los años van pasando y te das cuenta que lo hacen demasiado deprisa, no tienes tiempo de apreciarlo, pero sí tienes vida para recordarlos.
Entonces cuando era un poco más mayor veía las fotos, los maillots de años anteriores y me reía de mí misma, los entrenamientos ahora no eran solo por diversión, los entrenamientos me han hecho ser mejor persona, querer superarme día a día, las lecciones de compañerismo, lo difícil que es a veces trabajar en grupo, lo complicado que es depender de las demás... Ahora todo es distinto, se acerca el final y todas queremos irnos con la cabeza bien alta.
La última competición de individual, la que nunca olvidarás en toda tu vida. Vas viendo el final a tu sueño y dedicas tu tiempo a llevarlo a la máxima perfección, una música perfecta que nunca olvidarás, un maillot perfecto que guardarás para siempre, un vídeo de tu ejercicio en el que se incluyen abrazos con las personas que más te han apoyado a lo largo de tantos años. No es poco lo que ocurre en un sábado que puede ser un sábado normal para cualquier persona.
Pasa y todavía guardas la esperanza de que queda curso por delante, de que queda conjunto y exhibición final... Pero nada es lo mismo, ahora estás empezando a cerrar la caja donde guardas todos los recuerdos.
Otros meses de entrenamiento para conjunto, ahora somos cinco, no es nada fácil trabajar en equipo pero todas ponemos de nuestra parte. Riñas, lágrimas, faltas a clase, cariño, abrazos, risas... De todo eso se componen nuestras horas de entrenamiento para dar un resultado en mayo, donde ahora sí que voy a divertirme, cada vez está mas cerca el final y se nota...
Sales al tapiz con una sonrisa, no hay preocupación ninguna, no estás segura, pero te da igual porque hay que pasárselo bien!
Al fin y al cabo se termina otro sábado inolvidable, más alegre que cualquier entrenamiento con ellas, más cerca del final de mi sueño...
Por fin, tras un mes más de entrenamiento, éste último más distendido, más relajado; está el verdadero final, el broche de la caja de recuerdos...
Ayudo a un montón de "pequeñas" a hacer su ejercicio porque yo también lo fui. Me preparo para salir a bailar con mis compañeras que siempre me han apoyado (gracias), bailamos, nos divertimos y viene el punto y seguido, pero antes vuelves a demostrar que has trabajado como nunca, repites el ejercicio de individual mejor que aquel día, terminas y estás parada en el final y no quieres que nadie te vea llorar pero de pronto dos lágrimas enormes caen por las mejillas, es inevitable... Sabes que hay más de 50 personas mirándote y no puedes hacer nada para impedirlo.
Sales llorando, pero sonriendo del tapiz y empieza el desfile, colocación perfecta, sonrisa profident y saludos a toda la gente... Te dan el diploma y las gracias, unas palabras que recuerdes siempre: Esto es la gimnasia, esfuerzo, respeto, apoyo, dedicación... Y unas entrenadoras que recordaré siempre... El abrazo inolvidable del final, donde las lágrimas no me dejaban ver más allá y la multitid de compañeras alrededor me protegía tanto, que me sentía la persona más fuerte del mundo, pero llorando.
Así se termina un sueño, aunque en realidad no es final para mí. Sigo siendo una gimnasta en potencia y espero que algún dia, pueda ser una de esas entrenadoras tan perfectas para mí, como lo fueron ellas.
Gracias a mis compañeras, entrenadoras, familia y amigos...